Liderazgo en épocas disruptivas

[vc_row][vc_column][creatica_team type=»-mod» button=»Ver mi perfil en Forum Ejecutivo» link=»https://forumejecutivo.com/COLOMBIA/directorio-de-negocios/1362/luis-pulgar-finol-3/» title=»Luis» text=»Pulgar Finol»][creatica_team_member image=»2706″ class=»«fa» position=»Sobre el Autor» name=»Información» scn2=»https://forumejecutivo.com/COLOMBIA/directorio-de-negocios/1362/luis-pulgar-finol-3/» scn_icon2=»fa fa-address-card»][/creatica_team][vc_empty_space][creatica_title pretitle=»» title=»Liderazgo en épocas disruptivas»][/creatica_title][vc_empty_space][vc_column_text]A lo largo del tiempo surgen en el mundo términos y conceptos afortunados que se vuelven populares en el léxico de la gente en medios académicos o empresariales. Hace años un amigo me decía que se podía jugar bingo en las reuniones de las grandes corporaciones con un tablero en el que figurara la lista de esos términos, con la seguridad de que en cualquier junta o reunión de alto nivel terminarían todas por ser mencionados en algún momento. Uno de estos conceptos es el de “organización disruptiva”.

Pronto se cumplirá el primer cuarto de siglo desde que Calyton Christensen introdujo la idea en su libro The Innovator’s Solution. Desde entonces la teoría de la disrupción, sin duda útil y ponderosa herramienta para entender muchos de los fenómenos del mundo actual, se utiliza en interpretación libre para casi cualquier propósito, lo que excede la intención original del autor que establece que solamente un subconjunto relativamente pequeño de las innovaciones transformadoras o innovadoras también son innovaciones disruptivas. Sin embargo podemos aceptar que al hacerse cada vez más frecuente y evidente la disrupción real en las organizaciones e incluso en las naciones, podemos decir que de cierta manera nos encontramos viviendo en una “época disruptiva”

En nuestros trabajos ocurre muchas veces que no hemos terminado de implantar una nueva tecnología o no nos hemos acostumbrado a ella, cuando aparecen no una sino varias nuevas tendencias tecnológicas en los campos de acción en los que nos considerábamos expertos, dejando nuestros conocimientos obsoletos si no nos apuramos en mantenerlos actualizados. Todos nuestros grupos de interés cambian de gustos y exigencias a una velocidad vertiginosa y nos ponen una enorme presión para obtener lo que desean, bien sea nuevos productos, mejores servicios, cambio de prioridades en nuestra atención o crecimiento acelerado en el resultado de sus inversiones.

Ya es un lugar común recordar como más del 90 por ciento de las empresas no financieras que eran ganadoras de la década de los 80 (usando como referencia la lista S&P 500) ya no lo son cuando estamos terminando la segunda década del siglo XXI y han salido de esa lista. Numerosas organizaciones pasan cada vez con más frecuencia por procesos de rediseño, con poco éxito en su implantación integral en la gran mayoría de los casos(1)

Según el pensamiento organizacional de más avanzada, las empresas verdaderamente exitosas tienden cada vez con mayor frecuencia a comportarse como organismos vivos de rápida adaptación a los cambios, en lugar de ser la “maquinaria bien aceitada” que aseguraba el éxito en el pasado. Agilidad es la palabra clave. Por esa razón, las personas que están en capacidad de dotar a los procesos y las empresas de esa condición de agilidad son los líderes que se requieren en estos tiempos.

El acceso normal y permanente a enormes cantidades de información, estructurada o no, necesaria o no, por parte de prácticamente todas las personas, democratiza de una forma hasta ahora desconocida la posibilidad de visualizar situaciones, adquirir conocimientos y generar ideas. Un obrero de cualquier país de Latinoamérica o África con un teléfono inteligente conectado a internet en el bolsillo tiene acceso potencial a más información que la que tenían los grandes estadistas de los países desarrollados hace menos de treinta años. Esta condición facilita que afloren los liderazgos en todas partes y que, si nos manejamos como líderes inteligentes, entendamos que nuestra tarea ahora es liderar con otros líderes y no a otras personas que no lo son(2)

En las antiguas organizaciones se trabajaba estrictamente según las relaciones establecidas en los organigramas, en las cuales jefe o subordinado se convertían en los puntos focales. Las personas de formación similar estaba agrupada según su actividad y no eran muy frecuentes los equipos multidisciplinarios. En muchas ocasiones esto podía restarnos eficiencia o efectividad. En las nuevas organizaciones integradas por potenciales líderes de múltiples procedencias y diversas formaciones con los que tenemos que trabajar, las relaciones establecidas en los organigramas se hacen más y más irrelevantes para el trabajo del día a día. Lo importante es la interacción permanente y trabajar juntos para alcanzar nuestros objetivos comunes de la manera más productiva posible. La relaciones jerárquicas formales evolucionan hacia un rol más parecido a un “organismo” (Figura 1), enfocado en facilitar el desarrollo del talento, la mentoría, la retroalimentación con valor agregado sobre el desempeño y, de manera muy importante, en el despliegue eficaz de la estrategia, debido a que los distintos tipos de disrupciones e innovaciones que constantemente se presentan requieren diferentes enfoques estratégicos.(3)

Figura 1 – De la organización piramidal a la organización ”organismo”

He conocido a lo largo del tiempo muchas definiciones de lo que es un líder y de “liderazgo”. Quisiera en esta oportunidad compartir una de las presentadas en el symposium de la escuela de negocios de Harvard en el año 2008 llamado “Leadership: Advancing an Intellectual Discipline,” citada en un reciente artículo, que caracteriza al líder como la persona «capaz de cumplir funciones vitales que ayudan a satisfacer las necesidades de significado, orden social, identidad de grupo y logro de objetivos de sus seguidores». En otras palabras: al visualizar claramente el futuro, el verdadero líder consigue que las demás personas le sigan mediante la creación de condiciones que satisfacen una serie de necesidades existenciales para ellos en lo que se refiere a sus trabajos y posiblemente de sus vidas.

Con este marco de referencia podemos continuar diciendo que los líderes que crean organizaciones ágiles y pueden visualizar oportunidades de generar valor en las épocas disruptivas, deben tener la capacidad de retar el statu quo cuando sea necesario para generar nuevos cursos de acción exitosos, y fundamentalmente deben saber como identificar los roles claves en su organización y los diferentes talentos que se requieren para ejercerlos, para conseguirlos rápidamente y ubicar a cada uno en el rol en que puedan maximizar su contribución. Si no están dentro de su organización, debe ser capaz de localizar y captar los talentos que se requieran donde estén. Es muy importante entender además que a un talento bien ubicado lo más productivo es dejarlo trabajar y cumplir su rol, facilitarle las cosas y darle los recursos que le hagan falta para que pueda dar lo mejor de sí. No hay nada que destruya más valor que un líder formal que no comprende esto y se dedica a “jefear” a los talentos de su equipo.

Para funcionar productivamente en tiempos disruptivos la organización debe convertirse en una gran red de interacciones y relaciones que el líder tiene que conocer perfectamente para poderse mover eficazmente dentro del contexto en el que está trabajando. Cuando las relaciones o interacciones no existan o sean débiles es tarea básica del líder dedicarse proactivamente a construirlas y fortalecerlas y él mismo convertirse en un elemento relacional que construya puentes para facilitar el trabajar todos juntos para lograr los objetivos. En estos tiempos es necesario integrar de forma armónica personas con diferentes procedencias, competencias, experiencias y puntos de vista, y ayudar a que puedan complementarse. Debe fomentarse la comunicación multidireccional y transparente que ayude a un mejor manejo de la indispensable colaboración, cada día más compleja, con los clientes, los colegas y demás grupos de interés.

Para este líder jamás pueden ser obstáculos las “fronteras” entre las estructuras organizacionales y mas bien es fundamental tomar en cuenta y aprovechar las diferentes formas en las que la gente interactúa. Es prioritario clarificar y nivelar siempre y para todos las expectativas y los roles de cada uno los actores del equipo. Para que esto pueda ocurrir es indispensable estimular la iniciativa de expresar abiertamente las ideas, especialmente aquellas que propicien mejorar la manera de trabajar juntos.

Para lograr todo lo anterior es necesario caracterizar los comportamientos deseados y hacer explícita esa caracterización para, a partir de ella, construir la visión de cómo tiene que ser el equipo para funcionar de manera óptima. Al desplegar esta visión será mucho más sencillo para todos los miembros del mismo ajustar sus comportamientos tomando como referencia el modelo compartido.

El clásico concepto de la organización que aprende, presentado por Peter Senge en 1990(4) está más vigente que nunca en épocas de disrupción, sólo que los aprendizajes tienen ahora que ser mucho más rápidos para poder lograr la ventaja competitiva que confiere el contar con mayor creatividad y capacidad de innovar en las personas que colaboran en nuestros equipos. Los ciclos de planificación deben acelerarse y la reasignación de recursos tiene que hacerse cada vez más frecuentemente.

Por otra parte el trabajo tiende a hacerse mediante el concurso de equipos multidisciplinarios de individuos que son “reclutados” dentro de la organización para concentrarse en una tarea a tiempo completo, con base en sus competencias y en la prioridad de la necesidad a atacar. Esta forma de trabajar incrementa la efectividad y la eficiencia, soluciona los temas prioritarios y favorece el desarrollo de los miembros de los equipos, quienes además fortalecen sus propias redes personales. Esto obliga también a que el desarrollo del talento haya que hacerlo prácticamente en tiempo real. La guerra por el talento que se ha intensificado en los últimos tiempos adquiere una nueva dimensión al enfocarse en incorporar gente que pueda cumplir tareas creativas basadas en el conocimiento. El aprender sobre la marcha se ha hecho mucho más importante que lo que siempre fue. El talento que se requiere es cada vez más diverso y por lo general quienes lo poseen también lo son en sus intereses, gustos planes y motivaciones. Para captarlos y retenerlos los líderes deben ser capaces de generar casi instantáneamente propuestas de valor lo suficientemente atractivas y no tradicionales que tienen, entre otras cosas, que proporcionar a los individuos retos estimulantes de manera constante.

Se han hecho caracterizaciones del comportamiento de las disrupciones más evidentes y frecuentes en la actualidad, casi siempre asociadas a la embestida o arropamiento a todo nuestro entorno por parte de la marea digital. Este tema lo desarrollamos recientemente en un artículo (5) del cual cito lo siguiente:

“En el mundo globalizado, desde que nos empezamos a adentrar en el siglo XXI, se hizo indispensable acostumbrarnos a vivir como ciudadanos digitales. Todos lo somos querámoslo o no. Como los ciudadanos de un país deben cumplir sus leyes y gozan de ciertos derechos, aunque no los conozcan, a nosotros nos ocurre lo mismo en lo que respecta a vivir en el actual mundo digital. La mayor parte de las personas que habitamos este planeta en esta etapa del desarrollo de la humanidad, estamos inmersos en el mundo digital cada vez más envolvente y formamos parte de él, aún el caso de que no lo comprendamos del todo ni hagamos uso de las facilidades que nos ofrece.”

Quisiera intentar una asociación entre el comportamiento ya caracterizado de las disrupciones por Chris Bradley y Clayton O’Toole (6) y lo que debería ser el comportamiento de un verdadero líder consciente de ser un ciudadano digital, que ejerce sus derechos y cumple sus deberes como tal para navegar en las situaciones disruptivas y logra salir airoso. (Figura 2)

Figura 2 – Las tareas del líder ante la disrupción

El líder efectivo en épocas disruptiva está monitoreando permanentemente el entorno, utilizando la estrategia de gestión del conocimiento denominada “antena” y gracias a eso puede detectar las señales y “ruidos” en el ambiente empresarial que presagian la aparición de una innovación disruptiva. Inmediatamente adopta medidas, se organiza para tomar acción evaluando la posibilidad de montarse en la nueva ola, hace pruebas y se prepara para en el momento oportuno acelerar las acciones requeridas para asegurar la masa crítica necesaria para implantar y consolidar el nuevo modelo y abandonar el modelo tradicional en decadencia.

Nos faltaría mencionar las competencias con las que debe contar un líder para poder escalar el reto que significa superar una situación disruptiva. Pensamos que, además de visualizar el futuro deseado y tener la pasión para crearlo junto con los suyos, dichas capacidades son las mismas de los mejores líderes de siempre: manejo ético de su comportamiento y recursos, nobleza en el trato con los demás para establecer relaciones de calidad y confianza y coraje para tomar decisiones y para reaccionar de manera correcta y efectiva tanto ante los triunfos como ante los fracasos

Así estos líderes serán capaces de encontrar lo mejor en sí mismos y a la vez podrán inspirar, comprometer y movilizar a otros, incluso en circunstancias tan exigentes como las actuales en las que muchísimas empresas se ven obligadas a replantearse su modelo de negocio en el corto plazo, debido a disrupciones tales como la acelerada digitalización, el internet de las cosas, la robótica, el acceso totalmente abierto a grandes cantidades de información y los avances de la biociencia, entre otras. En la actualidad gran parte de estos rediseños organizacionales terminan en fracaso, justamente por carecer del líder adecuado y oportuno.

En una investigación realizada hace pocos años (7) para buscar las claves para localizar esos líderes necesarios, se encontró que los mismos procuran adoptar un modelo de vida que gira en torno a encontrar sus fortalezas y asegurar una efectiva conexión con las demás personas incluso en las condiciones más difíciles. En este contexto se caracterizaron seis capacidades claves que dominan en estos tiempos los líderes más exitosos:

1)   Exposición de sus historias y experiencias personales como referencia, ya que son más tangibles y sirven de modelo a la gente. Por ello el líder en estos tiempos debe ser un efectivo “contador de historias”

2)   Trabajar con un propósito más grande que si mismos, que tiene sentido para el líder como persona y por lo tanto le sirve de inspiración

3)   Tener un enfoque positivo que le confiere la ventaja de pensar que sí se pueden lograr las cosas y de tener menos limitaciones

4)   Conectar a las personas directamente, lo que elimina las demoras causadas por el antiguo sistema de distribuir la información solamente “en cascada”.

5)   Reconocer y ayudar a superar la aversión al riesgo de los demás para que puedan aprovechar su verdadero potencial

6)   Gerenciar la energía, lo cual es sumamente necesario cuando en las situaciones disruptivas es indispensable mantener el entusiasmo y el compromiso de muchas personas por períodos largos. Es mentira que el entusiasmo es inacabable; si no se crean las condiciones, tiende a agotarse.

Uno de los roles más importantes que nos corresponden a los profesionales de Recursos Humanos en las situaciones de disrupción es el de procurar que las organizaciones puedan contar con los líderes que requiera en el momento que los necesite. Los líderes son muy importantes, pero más aún lo es la capacidad de liderazgo como la característica organizacional que asegura la supervivencia en el tiempo. Una vez más, la conexión con el valor agregado a los grupos de interés es la clave.

Si examinamos y entendemos los impactos que generan las organizaciones en la cadena de valor de la sociedad y comprendemos cómo funciona la cadena de valor interna de la empresa, en la cual debemos ser un eslabón válido y apreciado como tal, estaremos en la capacidad de ayudar a sintonizar a los líderes de la organización con esos requerimientos. Para ello es indispensable tener un conocer cómo la organización se inserta en dicha cadena de valor de la sociedad desde el arranque mismo de nuestro trabajo en cualquier empresa.(8)

Para ello hay que empezar por tener bien claro quiénes son las personas, con nombre y apellido, que conforman los grupos de interés de la organización y cuál es la expectativa de valor que cada uno de ellos tiene respecto a lo misma. Como se sabe, el valor es una percepción en la mente de quien lo recibe, por lo tanto lo mejor será investigar la documentación existente, o mejor aún, preguntarle directamente a los mismos miembros de los grupos de interés, que esperan ellos de la empresa.

El segundo paso será averiguar cuáles son exactamente las palancas de valor que debe mover la empresa para satisfacer esas expectativas. Para ello debemos diseñar para nosotros mismos y para los miembros de nuestro equipo, un programa de inducción en el cual podamos intercambiar ideas con los líderes de la organización, preparando una serie de preguntas claves, relacionadas con el impacto de la empresa en el valor agregado (Normalmente las empresas utilizan este mecanismo para familiarizar a los nuevos trabajadores con la empresa, sin embargo su contenido suele enfocarse en establecer los contactos personales necesarios con los miembros de la organización)

Todo verdadero “Business Partner” de Recursos Humanos tiene que entender perfectamente los detalles del negocio en el que trabaja, cómo esa organización genera sus ingresos, cómo consigue beneficios, quiénes son sus clientes y relacionados y muy especialmente, qué estrategia se ha planteado la empresa para el futuro. Lo ideal incluso es que el “business partner” adquiera la suficiente ascendencia, mediante su valor agregado evidente, para tener un rol activo en el diseño de la estrategia del negocio y en dotar a la empresa de las necesarias capacidades organizacionales de liderazgo, que deben florecer en una cultura que evoluciona armónicamente según las exigencias del entorno aún en el ambiente disruptivo.

La comprensión de las interacciones internas de la organización formal e informal, sus jerarquías, comunidades, equipos, liderazgos efectivos, aceleradores y cuellos de botella, le permitirán al profesional de Recursos Humanos entender dicha cultura, comunicarse de manera fluida en el lenguaje de la organización y convertirse en un facilitador interno de procesos, con criterio para establecer prioridades y gestionar recursos.

Es importante visualizar quienes son los líderes naturales que puedan ser parte de las masas críticas que en el futuro tendremos que conformar para establecer cambios, influir en las opiniones o contribuir a solucionar problemas. Debemos desde el principio saber quienes son, dónde están y en qué pueden ayudar a la empresa a cumplir sus objetivos. Igualmente debemos conocer qué factores pueden actuar en sentido contrario, haciendo más difícil esa labor.

La organización en tiempos disruptivos debe ser capaz de generar ideas innovadoras y rápidamente transformarlas en realidades. Por ello también es nuestra responsabilidad fundamental como profesionales de Recursos Humanos estar actualizados sobre las técnicas y mecanismos de innovación más actualizados existentes para poner en contacto a los líderes de la organización con los mismos y lograr que puedan aprenderlos y aplicarlos para traducir la estrategia en acción inmediata.

La mayoría de las organizaciones importantes cuentan ya con un modelo de liderazgo, lo cual está muy bien. Sin embargo no debemos contentarnos con eso sino estar pendientes de que, al igual que se actualizan tecnologías y procesos, también el modelo de liderazgo se actualice y evolucione permanentemente, especialmente en lo que se refiere a las competencias requeridas para manejar cos cambios disruptivos en el entorno.

Lo ideal es mantener actualizadas las competencias permanentemente, pero no de unos pocos líderes, sino las de toda la organización. Para ello nos debemos apoyar en el efecto multiplicador del modelaje de los propios líderes, que se debe procurar hacer evidente, y en que estos le dediquen esfuerzo a enseñar y ser mentores, como parte integral de su trabajo. El líder necesita de acompañamiento para lograr estos objetivos y debe contribuir en asegurar que la vida futura de la organización cuente a su vez con el talento necesario para seguir adelante, aún con las cada vez más frecuentes disrupciones.

Las personas que decidimos trabajar en Recursos Humanos, al igual que nuestros colegas en otros componentes organizacionales, existimos para focalizar nuestra atención en asegurar el éxito del negocio. Es muy importante estar conscientes siempre de que una parte básica y fundamental de nuestro aporte para lograrlo es el apoyar la construcción y el sostenimiento del liderazgo que será necesario para enfrentar y superar las épocas disruptivas.

RFERENCIAS
 (1)(3) McKinsey – The 5 trademarks of an agile company – Enero 2018 – Wouter Aghina , Aaron De Smet , Gerald Lackey, Michael Lurie, y Monica Murarka
(2) Leading with others – Korn Ferry 201
(4) The Fifth Discipline: The Art and Practice of the Learning Organization Peter Senge1990
(5) Ni nativos ni inmigrantes, todos somos ciudadanos digitales – Luis Pulgar F – 2019   https://www.linkedin.com/pulse/ ni-nativos-inmigrantes-somos-ciudadanos-digitales-luis-pulgar-finol/
(6) An incumbent’s guide to digital disruption – Chris Bradley and Clayton O’Toole – Mc Kinsey Quaterly – Mayo 2016
(7) How centered leaders achieve extraordinary results – Joanna Barsh, Josephine Mogelof, and Caroline Webb – McKinsey Quarterly – Octubre 2010
(8) Verdadero Business Partner- cómo RH puede ser un auténtico socio de negocio – Luis Pulgar F. – Editorial LID – 2018

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